15 de febrero de 2017

fragmentos de utopía

Qué ilusión me hacía volver a compartir navidades con los Reggeti Araujo. Hay personas con las que todo es fluido.  La permutación de nuestros colores siempre da tonos armónicos. Son una familia de cuatro, como nosotros. Más allá de las diferencias de edades nos identificamos unos con los otros. Es la justa medida de confianza respetuosa,  el escenario perfecto para que cada quien sea como es, la gratificación por compartir, el acento del hogar.


Esta vez el universo nos llevó a Mons, un pueblito de montaña en la Costa Azul de Francia. La horizontalidad azul brillante del mar se ve a lo lejos, después de las largas faldas montañosas. Cada amanecer era un despliegue de luz, el sol reflejándose en el azul del mar y las nubes permitiendo un desfile asombroso. Tubos de luz, cortinas de luz, infinidad de amarillos todo podía verse desde la habitación calentita, mientras hacía algo de mi serie de yoga sobre un perfecto suelo de madera. 


Disfrutamos el lujo de la sencillez, la fogata nocturna que Iván siempre nos encendía. La ausencia de wifi y televisión permitía que se leyera, se hablara, se jugara, que hiciéramos silencio juntos.
El aire de la montaña me llenó de frescura, me limpió por dentro. Mis oídos descansaron del ruido de la ciudad, de las presiones de la rutina diaria y conecté de nuevo con  esa cualidad de mi corazón que valoro por encima de cualquier otra: la paz.
Como venezolanos acostumbrados a las carreteras de largas horas, encontramos Florencia a la vuelta de la esquina (solo 6 horas) y nos lanzamos el viaje.
Nuestro oído, que ya se había acostumbrado al francés  -y no tanto al trato seco de los franceses- se regocijó con el Italiano y esa calidez tan parecida a la nuestra. Florencia despertó mis sentidos. Sentía que la danza cósmica me sonreía cada segundo, y mientras más le devolvía la sonrisa con gratitud y asombro más me llenaba el alma con su belleza. El arte impregnaba la atmósfera.  Así como en India la atmósfera está impregnada de espiritualidad. En India, da la impresión de que todos están ebrios de  Dios, que le cantan y alaban  algo que todos ven pero tú no. En Florencia, todo es un honor al arte. Todo se ha orquestado con elegancia. Los puentes, los colores de las casas, las decoraciones de las tiendas. Todo se me hacía sexy y exquisito. Provocaba vestirse bien, comer bien, embriagarse un poco,  acariciarse con erotismo. Fue un hermoso lugar para practicar la sonrisa y el amor.
Disfrutamos de una fabulosa visita guiada por la Galería Ufizzi. La estupenda narradora (yo quería ser ella) a pesar de estar en su última ronda del día, nos llenaba la visita de anécdotas y datos curiosos y fuimos por las diferentes galerías, no de forma aleatoria sino determinada e instruida. Aytana me conmovía dándome las gracias a cada momento y Ainoa me conmovía por su notable interés.

El magnífico piloto que es mi marido nos trajo de vuelta a casa, después de 12 horas de viaje de ida y 12 horas de vuelta. Horas en que la mente tuvo tiempo de desenredar varios nudos, horas en que cantamos y jugamos y vimos la costa y la nieve.  Al llegar a Cataluña y escuchar el catalán en la radio  me confundí por un instante sintiendo que me hablaban en mi idioma, son ya casi dos años con el oído acostumbrado al catalán    - i m´agrada moltissim!

Regresar a la rutina fue crítico. Aprendimos tanto y compartimos tantos momentos de calidad. Nos sentimos tan bien como familia, como pareja, como personas. Vimos una partecita de cómo se mueve la gente más allá de nuestras ciudades. Paisajes con colores que jamás olvidaré, aires divinos y silencios bendecidos. Volver fue rudo. El primer día que fui a cumplir con mi horario de trabajo los los sonidos del tren estremecían mis oídos por dentro  removiendo mi crisis existencial. Mi rebeldía ante el sistema ofrecía gritos mudos y lágrimas que no salieron. De nuevo la rutina, el wifi, la tv, el consumo, la disgregación, el cautiverio. Sentía como cada hilo se me enganchaba de nuevo y prensaba con fuerza.
Quise irme de viaje otra vez, salir corriendo. "Avryl, uno no se va corriendo" me decía. Pero qué ganas tenía.
Miré fincas en venta, comunas,  ecoaldeas, precios de caravanas. Pasajes a la India.
Oré y lloré.
 Amo mi ciudad y mi trabajo. Pero este viaje me conectó con un anhelo que mantenía callado porque estaba en plan de adaptación, viendo y valorando solo las cosas positivas de mi nueva vida. Debe haber un término medio. ¿Será la inconformidad humana?, ¿será la utopía que llevo dentro?. Será que todo se ve más claro desde la otra orilla.  Sigo buscando. 


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7 de junio de 2015

Quién se lleva la manzana de oro?

Era la boda de Peleo y Eris. Todos los dioses del Olimpo fueron invitados con excepción de Eris, la diosa de la discordia. Molesta, Eris se presentó en la fiesta arrojando una manzana que decía “a la más hermosa”. Todas las diosas comenzaron a pelearse por la manzana y, como no se podían decidir, llamaron a Zeuz quien decidió poner la decisión en manos de un mortal: Paris. Entonces todas las diosas comenzaron a sobornar a Paris. Hera le ofreció poder, Atenea le ofreció victoria en las batallas. Afrodita le ofreció a las mujeres más bellas. Paris eligió a Afrodita quien se ganó el odio de las demás.
“Toda mujer contemporánea se enfrenta a su propio juicio de Paris”, dice Shinoa. Entonces, ¿quién es el verdadero juez? ¿hasta qué punto somos capaces de elegir?. Al no conocer esta gama de arquetipos que pulsan en tu interior, serán otros quienes decidan por ti: los hombres, la sociedad, la familia.
Conocer la tesis de Shinoda Bolen me ha ayudado a darle una estructura al caos de mi mente. Lo que yo sentía como un saco sin fondo lleno de intereses incongruentes y deseos contradictorios - haciendo escándalo que parecía una lavadora averiada dentro de mi cabeza- se ha ido convirtiendo poco a poco, en una reunión en donde cada quien tiene su lugar. He aprendido a apreciar de dónde viene cada impulso y eso me permite comprenderme y aceptarme. Es lo que Shinoda Bolen llama: "la metáfora del comité".
Todo comité tiene un director que participa y observa. El éxito del comité depende de la calidad de su dirigente. Pero presidir el comité no es tarea fácil. A medida que profundizamos en nuestro conocimiento interior nos convertimos en mejores dirigentes. Conociéndolas bien, nos empoderamos de nuestras diosas, -esas fuerzas que ejercen una influencia tremenda dentro de nosotras- en vez de dejarnos arrastrar por ellas.
Pero eso sí: todas y cada una de las diosas deben estar dentro del comité, que en este caso es nuestra conciencia. Ellas no son las que van a medir las consecuencias de sus actos. Para eso estás tú! Si algunas diosas te han engañado haciéndote creer que hay otras que no deben entrar, aquellas que has exiliado aprenderán a hacerse notar desde afuera. Un ataque de asma puede venir de una Perséfone buscando afecto. Un olvido inentendible puede ser la estrategia de Hera para seguir atendiendo nada más que a su marido. Un “estaba borracha” puede ser la única manera que Afrodita encontró para ser ella. Una fractura en un pié puede ser Hestia pidiéndote refugio e introspección. Una depresión injustificada puede ser Deméter triste, anhelando nutrir. Y así, desde el inconsciente estas energías no atendidas, estas fuerzas renegadas sabrán hacerse notar si el director no las aprecia y sabe darles la palabra y su tiempo.
Lo ideal es darles el turno a cada diosa. Ya sea en toda una etapa de vida o alternarlas en un mismo día o en una misma semana. Todas deben existir a traves de nosotras. Todas están allí cuando quitamos el tiempo. Pero como humanas, viviendo una experiencia temporal, debemos ofrecer un tiempo para cada diosa.
Ahora lo sabes, ahora eres conciente y ya no puedes acudir a la indiferencia. Ahora es cuestión de tener coraje. Coraje para cultivar aquellas diosas que lo piden, o para podar a las que lo necesitan. Ser valiente para cambiar de rol. Enseñarle al mundo – y a ti misma- el poder de tu diversidad. Comprender cómo ca-da-u-na de las diosas se manifiesta a través de ti. Saber que las grandes diosas del Olimpo están a tú servicio -y no al revés-. Explorar ese milagro de ser quien eres. Afinar el oído interno. Abrir los ojos hacia dentro. Despliégate mujer. Cómo dice Shinoda Bolen, conviértete en la heroína de TU PROPIA HISTORIA. Mira que eres única e irrepetible en toda la eternidad.





Oda a AFRODITA

AFRODITA
Oh! Afrodita. La de luz dorada. Belleza pura. Deleite magnético. Diosa alquímica que transformas lo moribundo en vital, lo seco en húmedo, lo estéril en fecundo, la ceniza en fuego. Sacerdotisa del amor. Manantial de ojos en el que me sumerjo profundo disolviendo mi forma. Venus que enciendes la pasión en los seres. Que llevas el duende a los artistas, devoción a los devotos, brillo a los ojos, expansión a los corazones, hermosura a todo. Gracias por manifestarte en nosotras. Gracias por dar a lo femenino esa puerta donde las palabras se transforman en medicina, la miradas en hogares, el contacto en éxtasis. Bendigo tu presencia en mi cuerpo, en mi mente y en mi alma y deseo que todas mis hermanas beban de tu fuente. Que tu poderosa energía sea siempre utilizada con sabiduría. Permite que las otras diosas ejerzan sus roles a cabalidad para así neutralizar tu arrebatadora presencia. Que ninguna de nosotras sea víctima del drama evocado por tu cegadora pasión. Que el goce por la sensualidad que tú nos das nunca desemboque en conflictos (embarazos no deseados, abortos, enfermedades, bajas pasiones, sufrimiento). Enséñanos a hacer buen uso de ti para que nunca sembremos dolor en tu nombre. Visita los matrimonios y enciéndelos de erotismo, que las casadas viertan tu luz regeneradora sobre sus maridos. Visita a las viudas y devuélveles el entusiasmo y que tu fuerza transforme su dolor en amor. Visita a las divorciadas para que su proceso sea pacífico y transformador y que ninguna sienta que tú le faltas. Visita a las ancianas para que tu luz dorada brille a través de sus pieles y se enamoren otra vez, cual quinceañeras; a las inseguras para que experimenten tu poder y a las poderosas para que se disuelvan en él. Que todos los hombres te conozcan para su deleite y elevación espiritual y que ninguno te condene por miedo a la emoción que tú evocas. Libera nuestros bloqueos. Llévate la ilusión de nuestras culpas. Que en tu humedad se disuelvan las trampas de nuestros egos. Enaltece nuestra danza. Inunda los corazones de los artistas. Despliega nuestra creatividad amorosa. Permítenos celebrarte en cada manifestación. Enséñanos a decir que no, a decir que sí, a responsabilizarnos por las acciones que tú inspiras en nosotras y a hacer sabio uso de tu infinito poder. Que todas las lecciones dolorosas, que mis hermanas o yo hayamos vivido, canalicen tu brío hacia expresiones cada vez más elevadas. Haznos envejecer con la vitalidad de quien se ha enamorado de la vida, o de sí mismo. Que tu magnetismo se mantenga en continua renovación para vivir la vida con encanto. Afina nuestros sentidos para que esta experiencia terrenal sea llevada al cielo con nitidez. Que tu presencia, en vez de confundirnos nos llene de claridad. Que tu luz no ciegue sino descubra, no confunda sino aclare. Sé mi honorable pasajera, déjate conducir y despliega tu fuerza allí donde el compromiso se abre espacio. Déjate encauzar y desbócate en el momento preciso de la conexión divina.





28 de mayo de 2015

HERA
Hera es la diosa del matrimonio y yo soy nieta de dos.
Tanto mi abuela paterna como mi abuela materna han personificado el arquetipo de Hera, cada una a su manera. Ambas han conservado sus matrimonios por más de 50 años. Adscritas al “hasta que la muerte los separe”, ambas han practicado la fidelidad a su vida de esposa y, me consta, en las buenas y en las malas. Mi abuela mamama, (la materna) enaltece el arquetipo mostrando en una gran mesa destinada a eso, fotos de toda su descendencia en el día de su boda, -ella misma está en el centro con su elegante traje de novia en una foto antigua-. Galería a la que apenas hace dos años tuve el privilegio de pertenecer. Casarme solo después de doce años de vida en pareja y en afable matrimonio civil celebrado en la jefatura de un pueblito, no parece reflejar a la Hera que lideró la vida de mis abuelas. Cuenta mi abuelo paterno que toda la gente de aquel pueblo en Galicia salió a la calle para ver a mi abuela vestida de novia.
Eso sí, mi foto llorando como niña mientras firmo el contrato matrimonial es un poema digno de la propia Hera mitológica, realizada en su arquetipo. “Cásate por la iglesia” me susurra al oído de vez en cuando. Pero hay tantas diosas a las que atender…
Hera era la esposa legítima de Zeus. Regia, majestuosa y bella, -igual que mis abuelas-. Después de una boda feliz y trescientos años de luna de miel, Zeus se dedicó a sus múltiples amantes. Hera muestra entonces su otra cara: celosa, vengativa e iracunda. Planeaba continuas venganzas contra las amantes de su esposo, pero nunca contra él mismo. El gran dios del Olimpo es intocable, haga lo que haga o se comporte como se comporte. Además, Hera mantenía el estatus de esposa del dios, costara lo que costara.
Así pues, para el arquetipo de Hera, el matrimonio es lo que da sentido a la vida de una mujer. Las mujeres con predominancia de Hera, si llegan a los 35 años sin estar casadas, sienten, en el fondo, una infinita vergüenza. Para ellas, ser la esposa se alguien -y sobre todo si ese alguien es un personaje reconocido en la sociedad-, es algo digno de honorabilidad, la más alta meta a perseguir. Suelen adoptar su apellido de casada con fervor iniciático. Ven a las demás mujeres de su vida y les otorgan valor en la medida en que estén casadas o no –y es muy importante el con quien-. Incluso, una mujer con Hera como arquetipo para encaminar su vida, puede tener hijos –ya que son parte de su rol de esposa- pero las necesidades de estos están, siempre, supeditadas a las necesidades de su esposo. No se convertirá jamás en una madre que protege a sus hijos de la tiranía de su padre. Su esposo es intocable y que no se les ocurra hacerle algún reclamo. ¿Cómo se les ocurre enfrentar al soberano absoluto?.
Una mujer casada que se encuentre con las primeras –e inevitables- dificultades del matrimonio, siente que la mejor salida es terminar la relación si no hay una Hera dentro de ella plantándosele firme. Incluso, si a una mujer Hera llegara a ocurrirle el divorcio, -siempre motivado por el marido-, pueden pasar años antes que esta mujer acepte semejante “fracaso”, impidiendo así que fluya en ella el sano proceso de duelo y recuperación.
Afortunadas las Heras cuando se consiguen un marido que las honra y reconoce amorosamente y en todo momento; y las que felizmente han hilado su vida con este sacramento. Pero las hay y muchas, cuyo esposo es mentiroso, alcohólico, mujeriego… (podría usar cualquier calificativo para explicar que la sana evolución de la pareja se ha bloqueado) y a pesar de esto, ellas, en su fanática lealtad al arquetipo, no piensan, ni remotamente (Válgame Dios!) en la posibilidad de dejar de ser “la señora de...”.
Chicas: al leer los arquetipos, ¿no sienten una gran comprensión hacia muchas mujeres que conocen? ¿Empezando por ustedes mismas?
Yo he estado con Hera los últimos 14 años de mi vida. Sí: 14. Aquí es cuando mi genealogía parece manifestarse y –quizás (amo esta palabra, como un “quiera” con un “quisiera”, con un “¿la vida quiso?”) siga el camino de mis amadísimas abuelas. Muchas veces mi esposo pasa dos o tres semanas de viaje y basta con verlo llegar para que algo dentro de mí se contraiga. Un día meditando pregunté: ¿qué pasa? ¿Porqué siento esto si estoy tan feliz de verle? y en meditación, mi propia voz contestó: “porque es como si llegara Dios ¿te imaginas? ¿Qué nervios?”. Reconocer esto me ayudó a relajarme -cosa que los dos agradecemos-.
También he sentido los celos, la ira y quizá por allí se ha movido algún atisbo de venganza (en 14 años pasan muchas cosas) cien por ciento atribuibles al lado oscuro del arquetipo. Como siempre, cultivar a otras diosas ha sido una efectiva medicina.
Me quedo con Hera. Hace tiempo hice el propósito de entender (y practicar) el amor incondicional. He descubierto que el matrimonio es un espacio donde puedo hacer de este propósito una práctica diaria, –qué poco acostumbradas estamos a amar sin condiciones, contar con la luz de Hera, puede ayudar-. Además, la vida me bendijo con un venerable y amoroso Zeus.













PERSÉFONE

PERSÉFONE era una doncella adolescente. Estaba en el campo recogiendo flores, ingenua total. Poco consciente de sí misma –quizá por los excesos maternales de Demeter- y totalmente despreocupada del mundo. Fue presa fácil para Hades quien no tuvo sino que abrir un hueco desde las profundidades de la tierra para raptarla y llevársela con él al sub mundo. Si hubiese sido Artemisa quien estaba en el campo, seguramente estaba alerta, le daba un codazo y se iba corriendo. Ni Hestia ni Atenea son de irse estar buscando flores por los prados. Hera no hubiese dejado solo a su marido ni un segundo y Afrodita quizá seducía a Hades convenciéndolo de que era mejor hacer el amor al aire libre -para luego librarse de él. No sabemos ni siquiera si Hades se llevó a Perséfone a la fuerza –aunque esta versión ha sido más favorable para las manifestaciones artísticas- quizás la convenció de que en el sub mundo había unas flores más bonitas y ella, complaciente y abierta, se fue.
Perséfone es, de las diosas, la más joven. Sin ella, todos los productos de consumo masivo que hoy nos venden la idea de perpetua juventud, serían un fracaso. La "eterna adolescente" en nosotras sale a flote de formas más o menos evidentes. Aquí fue cuando Shinoda me sentó: “El crecimiento exige que luches contra la indecisión, la pasividad y la inercia; debes decidirte y continuar comprometida, aún cuando la elección tomada deje de ser divertida”. Entendí a mi Perséfone en esa tendencia a la procrastinación. En esa manera de acumular opciones antes de elegir. Incluso, más de una vez, - y desvirtuando la creencia en fuerzas superiores- he preferido esperar que la vida elija por mí. Reconocí los grilletes del arquetipo en esa desesperada búsqueda de apoyo en las opiniones de los demás a los que considero "adultos", como si fuese una niña la que está al frente en mi vida y necesita de otros que le digan qué hacer y cómo.
A muchas mujeres les pasa igual. Algunas se casan, solo porque es lo que se espera que hagan. O van a la universidad, porque sus padres así lo sugirieron y cada compromiso que adquieren, en vez de verse con apasionamiento, se siente como un rapto que les quita la libertad de ser adolescentes, de poder seguir esperando "a ver qué pasa".
Sin embargo, sin las cualidades de Perséfone, cualquier otro arquetipo nos volvería rígidas. Ella, según mi entender, es la clave de la apertura. Es la que nos da la libertad de renovar nuestros ideales, de cambiar de opinión -y estar en paz con eso-, de estar dispuestas sí: "a ver qué pasa", de abrir nuestra mente a la transformación, de reconstruir nuestras aspiraciones. Usada en su justa medida, hay mucho que agradecerle a esa doncella que nos habita.
Vernos cara a cara con cada diosa -ya solo nos faltan Hera y Afrodita- puede ayudarnos prever si la manera en que estamos viviendo tiende hacia la dicha o hacia el sufrimiento. Ya sea para evitar el rapto, o para dejarnos raptar adrede, lo más importante es: tomar conciencia.




21 de mayo de 2015

DEMETER

DEMETER
Estudiar a Demeter me movió profundo. Pasé dos días con dolor de cabeza (vulnerable al fin). Conocer los arquetipos tal como los describe Shinoda es un diálogo interno, un encuentro con los excesos, con las carencias, con lo vivido y lo por vivir. Sabía que adentrarme en las diosas vulnerables era una tarea intrincada (ver hacia dentro siempre lo es). Pero aquí estoy. Mi Demeter se regocija compartiendo con ustedes estos saberes, como una madre generosa que desea nutrir al mundo.
Así pues, Demeter es la madre. El mito cuenta que tuvo una hija con Zeus llamada Perséfone (que pronto veremos como arquetipo de la hija). Además Demeter era la encargada de las cosechas. La sociedad griega atribuía a su voluntad las recolectas prósperas y a su enfado, las escasas. Todo iba de maravilla en la vida de Demeter, imbuida en su labor de madre, hasta que su hija fue raptada. Aquí es donde la historia se pone más interesante. Al serle arrebatada su hija (metafóricamente, se le arrebató la función de madre), Demeter, se deprimió. Ella no pensó que quizá su hija podría estar bien, o que era el destino separarse, o que podía tener tiempo para otras cosas. No. Se mandó a construir un templo para encerrarse a llorar y abandonó su función de nutrir. Su depresión casi mata de hambre a dioses y a hombres.
Como arquetipo de madre, Demeter es la que nos hace sentir ternura ante un bebé y hasta ganas de tenerlo en nuestros brazos. Es la que nos hace querer estar embarazadas y sentir un placer orgásmico al amamantar. La que nos conmueve cuando vemos un retrato de la Virgen con El Niño. La que quiere cuidar, alimentar, sostener, sanar, dar, apoyar, ayudar, nutrir, proveer.
Pero...
...si Demeter es el arquetipo que dicta el curso de la vida de una mujer, y ser madre es el único rol importante en su vida, cuando se ve en posición de no ser necesitada (por ejemplo cuando los hijos alcanzan independencia) la mujer Demeter puede sumirse en una profunda depresión pues se le ha arrebatado el sentido de su vida. Cuenta Shinoda Bolen que son innumerables las mujeres entre 50 y 60 años que acuden a su consulta al sentirse muy deprimidas. Se habían vuelto adictas a ser necesitadas. Sin embargo, cuando una mujer trasciende el arquetipo de Demeter –por ejemplo, cultivando otros arquetipos-, puede resurgir como la mujer nutridora y generosa de siempre sin esa necesidad frenética de ser necesitada.
Es curioso cómo, esa misma cualidad de dar, de volcarse hacia fuera, puede hacernos ignorar nuestras propias necesidades. Si alguna vez has escuchado el drama de una amiga más tiempo del que deseabas, o te ha costado decir “no” y has dispuesto tu energía para otros hasta quedar exhausta, sabes de lo que hablo. Una mujer cuya Demeter ha tomado el control de su vida, se ha acostumbrado tanto a dar que puede bloquear su capacidad de ver hacia dentro. Y si, por ejemplo, un hijo le pide un poco de espacio o autonomía, se victimiza diciendo “yo solo quería ayudar”. ¿A quien le suena?. Además este exceso de arquetipo es peligroso. Véanlo así. Puedes convertirte en esposa de un psicópata o de un inútil (lo dice Shinoda!) porque “tú eres la única que lo entiende” o porque con tu apoyo “él va a cambiar”. Saben a lo que me refiero?
Estudiar a Demeter, ha sido un gran trabajo introspectivo. Identifiqué al arquetipo actuando como una poderosa fuerza inconsciente que tomó las riendas y me llevó a ser madre (antes que profesional, antes que esposa, antes que aventurera -hecho que trasciendo, perdono y acepto-). Observé mi placer en nutrir a los demás, -por ejemplo cuando planifico las comidas para las actividades de Wayare-, pero mi dificultad para nutrirme a mí misma -a veces paso toda una semana improvisando almuerzos-. Me reconcilié internamente con aquellas mujeres con las que he vivido (está bien, me refiero a la mamá de mi esposo –Demeter en esencia-) y, sabiéndola gobernada por el arquetipo de la madre, me llené de profunda comprensión (y como les dije, comprender es perdonar y perdonar es estar en paz, es algo así como renacer). Además, reconocí mi búsqueda de Demeter en otras mujeres (recuerden que soy hija de una maravillosa Artemisa) y en mi recorrido, me llené de gratitud ante todas las mujeres que han sido Demeter en mi vida, e incluí a mi propia madre.
Ya he hablado mucho con Demeter. Ella quiere el tercer hijo. Yo le digo que ser maestra, cocinar, fundar una empresa o escribir un libro, son también hijos que tenemos que cuidar y ver crecer juntas. Además Atenea y Artemisa han adquirido vigor y están felices –y no reprimidas como en algún tiempo-. Pero vaya, Demeter es poderosa. Hay que atenderla.






19 de mayo de 2015

Tipo de conciencia

Shinoda Bolen nos explica con un bello ejemplo cómo es el tipo de conciencia de cada grupo de diosas. Si bien vimos que las diosas vírgenes tienen una conciencia enfocada -tipo rayo láser- que excluye todo lo que no sea su objetivo, las vulnerables presentan una conciencia difuminada, como una lampara de luz cálida, que abarca todo lo que la rodea. Este tipo de conciencia te permite escuchar qué está haciendo tu hijo aunque te hayas puesto a estudiar, o notar que tu esposo está incómodo aunque estés concentrada sacando cuentas. Yo puedo estar en casa lavando los platos o enrollando las medias y todo el mundo esta tranquilo en lo suyo, pero si me pongo a trabajar en un escrito que requiere de toda mi concentración, seguro que viene alguien que necesita algo urgente de mí. El paso de un arquetipo a otro no es tan sencillo ni para nosotras ni para quienes nos rodean. Transformar esa luz cálida que abarca todo en un lázer que excluye todo, puede hacer sentir -a quienes están acostrumbrados a la presencia de su diosa vulnerable- excluidos o incomódos. (Por eso recuerden siempre: hay muchas diosas en una sola mujer) .

Las diosas vulnerables

Las Diosas Vulnerables
El otro día yo estaba sola, caminando por el Sambil y vi, por un instante, en uno de esos espejos que están dispuestos unos frente a otros, la cara de una chica que venía hacia mí. Al verla pensé: mírala, tiene un poco de miedo. Al seguir caminando noté que ¡era mi propio reflejo en el espejo!. Quedé perpleja. Que hago yo caminando por el mundo con cara de “soy vulnerable”? . De inmediato fruncí el ceño, puse cara de que sabía a donde iba y apuré el paso.
Amor, aprobación, necesidad de nutrir y ser nutridas son las motivaciones de las diosas vulnerables. Ellas son las que nos hacen decir: “yo estoy aquí para ti” y esto es hermoso, agradable y necesario. Qué sería del mundo sin las madres? sin los hijos? o sin las relaciones amorosas?.
El traje de mujer vulnerable está muy bien para decir "sí te amo, quiero vivir contigo", o “sí quiero tener hijos” y vivir la mejor experiencia de la vida, o “sí, tengo miedo, necesito ayuda” y dejarse cuidar, querer y mimar.
Todas hemos sentido deseos de tener hijos, de casarnos, de entregarnos, de ser la princesa de alguien, (en mayor o menor grado). Por eso, los arquetipos más tradicionales en nuestra sociedad los de esposa, la madre y la hija (bueno, y la puta, pero de eso hablaremos mas tarde).
Pero Hera, Demeter y Perséfone, fueron todas víctimas en sus historias y sufrieron mucho. (Quizá las vírgenes no sufrieron tanto, pero uy, de lo que se perdieron!) Las mujeres con arquetipos predominantes de diosas vulnerables son propensas al drama. Fácilmente se ven envueltas en rabia, celos o depresión. Por eso es que hay que conocerlas (tranquila que ya te las presento) Hay que darles espacio en nuestras vidas, pero sin dejar que tomen el timón.





HESTIA

Conocía a HESTIA cuando fui a Vipassana. Me sentí fascinada por el silencio y el anonimato. Hacía mi pequeña camita con una entrega y una paz, como si tuviera todo el tiempo del mundo para hacerlo –y lo tenía. Si alguna vez has querido ir a un ashram o a un retiro de silencio, ha sido la voz de Hestia haciéndose notar en ti. Si has sentido el placer del ordenar tu hogar y alguna vez -aunque sea por una vez- has encontrado en ello un sentido profundo, conoces a Hestia. Ella no era hija de Zeus, como Atenea y Artemisa, sino de Cronos y Rea. Haber sido tragada por Cronos y pasar tanto tiempo en sus intestinos debe haberle forjado esa paciencia y ese gusto por la soledad. Ella conoce el sentido de ser sin hacer. Como si no tuviese una imagen, un ego, un otro que la mire. Ella no dice “yo también soy”, solo con “yo soy” le basta. Hestia existe para ella y esa tendencia la hace regocijarse en la experiencia interna.
Cómo nos hace falta cultivar a Hestia!. Nosotras que somos arrastradas por nuestros egos, que queremos ser vistas, nombradas, reconocidas, que nos identificamos tanto con nuestra forma externa que tememos envejecer o cambiar.
Como Hestia es el arquetipo de conexión con el centro interno, vale la pena invocarla cuando cualquier otro arquetipo parece excederse. Ella está en el centro, viéndose a sí misma.
La mujer Hestia proyecta ese santuario interno hacia fuera siendo el fuego de su hogar (foco-fuego, hoguera-hogar). Como si la luz que Hestia cultivara en su interior se extendiera fuera de ella convirtiendo su propio espacio en el mismo cielo. Dice Shinoda “cuando se olvidan y dejan de honrarse los valores femeninos hestianos, se pierde la importancia del santuario interno” y así, de la familia, del hogar, de la casa, no hay esa gravedad hacia la pertenencia.
Si eres de las que te quejas -y al mismo tiempo estas orgullosa- de no tener ni un momento libre, llama a Hestia, seguro tiene mucho que darte. Hestia está tan a gusto consigo misma que puede sentirse perturbada si tiene la necesidad de afrontar el mundo exterior –y quien no tiene esa necesidad?. El día número 10 de Vipassana en que se iba a romper el silencio, mi Hestia se asustó tanto que amanecí con tres espinillas en la cara y un herpes bucal. Hestia quería quedarse protagonizando pero ya las demás diosas habían saltado a la borda y yo hablaba, gritaba! y me reía sin parar. Amo a Hestia. A veces me provoca hacerme un traje de Hestia, que me tape todo, hasta la cara, tipo monje y pasar todo el día mirando el fuego y sintiendo nada más que a mi ser. A veces, solo a veces.



ATENEA

Seré breve al hablarles de Atenea. - La segunda de las diosas vírgenes- Breve y práctica como es ella. Sin esmerarme en palabras bonitas o ejemplos personales que añadan emotividad al relato... para qué? diría ella. Atenea nació de Zeus. Sí, de su padre -quien se había comido a su madre embarazada-. Y cuidado con hablar mal del atrevido Zeus, eh? allí está Atenea para defenderle. Ella es la defensora de los hombres, la hija de papá. La que siempre está entre hombres sin peligro de enamorarse ni enamorarlos. Si eres de las que frunces el ceño cuando te hablan de "círculos de mujeres" o "retiro de yoga y danza" allí está tu Atenea huyéndole a todo lo que suene a sentimentalismo. Lo suyo es la estrategia -por algo logró que Aquiles ganara a Héctor en batalla-. Lo suyo es la mente, la planificación, la gerencia, lo pragmático, examinar, comprobar, arrojar resultados tangibles. Espiritualidad? belleza? maternidad? erotismo? naturaleza? bah! diría Atenea. Qué tienen de útil?. La encontramos siempre con un escudo o una lanza, siempre protegida y activa. Prefiere una relación ecuánime a una erótica, un matrimonio eficaz, a uno romántico, algo que le funcione en vez de algo que le apasione. Suelo sentirme intimidada cuando estoy ante este tipo de mujeres, su mirada me hace sentir que soy aún una niña -y que ellas nunca lo han sido. Pero cómo las admiro!. Eso sí, recuerden: ella es diosa y nosotras humanas. Por más que queramos, no somos un solo arquetipo, todos pulsan en nuestro interior aunque alguno predomine. Si nos creemos Ateneas, tarde o temprano descubriremos que tenemos un cuerpo y un corazón y es mejor estar preparadas para la vulnerabilidad. La vida sin Atenea sería una locura total, puras niñerías. Ella es el toque "down to earth" que muchas necesitamos. Sin ella ninguna mujer sería presidenta de nada, ni siquiera de su propia vida. Por eso la pongo en mi altar, es más, la pongo adelante para que me ayude a cultivar la escritora exitosa que quiero ser (por eso la foto de Muriel Barbery ...que Atenea se ve, verdad?). Atenea descubrió que tejer -de lo cual resulta siempre algo útil porque si no no lo haría- calma su mente maquinadora. Mientras teje, descansa de la extenuante búsqueda del éxito.




ARTEMISA

Mis hijas están mirando la TV desde que se despertaron y no me importa. Hoy no hay cuentos, no hay paseos, no hay juegos, ni siquiera una pregunta: hicieron las tareas?, no quiero que nada me distraiga mientras estudio a Artemisa. Por suerte, las diosas vírgenes en mí, me han enseñado a hacer respetar mis tiempos de concentración -sin sentirme culpable (bueno, a veces).
Les presento a ARTEMISA: la arquera de disparo certero.
Qué pedirías tú fueras hija del propio Zeus y él te dice: te daré todo lo que pidas?. Bueno Artemisa pidió: arcos y flechas, una jauría de perros de caza, una túnica suficientemente corta para correr por la naturaleza salvaje y un castidad eterna.
Esta diosa, inmune al enamoramiento, nos acompaña cuando decidimos concentrarnos intensamente en una meta, cuando decidimos, no ser la otra mitad de alguien, cuando nos sentimos completas en solitario. Pero ojo, tú mujer que te sientes identificada con ella: una mujer con una fuerte tendencia de Artemisa, no es heroica por el hecho de dejarse llevar por su impulso de autonomía, alejarse de sus seres queridos en internarse en el bosque plácida en sí misma. El verdadero reto para ella es abrirse al amor y explorar las delicias de la intimidad y las relaciones humanas, superando su temor a ellas.
Una mujer que es madre o se casa a temprana edad, sin tiempo de cultivar su Artemisa, puede pasar años con este arquetipo reprimido. Un divorcio, la graduación de sus hijos o llegar a cierta edad puede de pronto, dejar salir a Artemisa que coge su arco y su flecha y se va por el mundo a disfrutar de su autonomía.
Reconozco cómo, la Artemisa que soy, supo elegir un marido escalador (un Apolo) un viajero, que siente la misma necesidad de internarse en el bosque que ella, dejando el espacio para que las diosas vírgenes dentro de mí, salgan a la luz. Además, me reconozco como hija de una Artemisa que cuando yo era chiquita y me caía -según cuenta mi tía- volteaba diciendo: "ponte las pilas chama", en vez de acudir corriendo con mimos y curitas.
Cuando Artemisa está muy desarrollada en nosotras, corremos el riesgo de: descuidar relaciones amorosas en pro de nuestra autonomía (y perdernos la dulzura del compromiso), juzgar a otras mujeres por su necesidades de ser madres o esposa, competir demasiado, llevar una vida áspera hiriendo a seres queridos en nombre de nuestra independencia, perdernos el fascinante mundo de la sensualidad, el erotismo, la maternidad o la intimidad que nos regalan las diosas vulnerables (de las que hablaré luego).
Cada vez que el matrimonio o la maternidad me hacen sentir atrapada, diaologo con mi Artemisa pidiéndole calma (o me voy de excursión por mi cuenta para calmar su sed).



Las diosas vírgenes

Shinoda Bolen estudia, con detalle, 7 diosas del panteón griego. Las ha dividido en tres categorías: las diosas vírgenes, las diosas vulnerables y las diosas alquímicas.
Les presento a las diosas vírgenes (siempre digo "mis favoritas" pero eso me pasa con todas):
Estas diosas son Atenea, Artemisa y Hestia. Ellas tres son mujeres independientes, auto suficientes. Vírgenes, no porque no tengan o hayan tenido relaciones sexuales. Son vírgenes porque no son poseídas por el otro. No son "penetradas" por apegos emocionales que las desvíen de sus objetivos. La pasión no les conmueve. Por eso se dedican a desarrollar sus talentos, a resolver problemas, a contemplar, crear o expresarse sin nada que disuelva su concentración.
Como pueden imaginar, estas diosas no son las favoritas de nuestra sociedad patriarcal, que aplaude a la mujer esposa, a la mujer madre, a la mujer que dedica su vida a su hombre o a sus hijos. No hay diosas vírgenes en las telenovelas. Cada vez que decides concentrarte en tu objetivo personal ellas te hacen barra: "se fiel a tu arte! -gritan- , se fiel a tu deporte!, se fiel a tus estudios!, exprésate! tú no necesitas ser aprobada. Sé fiel a ti misma!" me susurran continuamente.
Sin estos arquetipos, no tendríamos a una Santa Teresa de Jesús a quien quizás, no todos apoyaban su vocación religiosa; ni a una Amelia Earhart que se imaginaba volando un avión en vez de caminando hacia al altar.
¿y tú a qué diosas vírgenes conoces?.